Mi abuela, que era muy sabia aunque no supiera leer, siempre utilizaba la frase de "ni se muere la abuela ni cenamos" cuando una situación no acaba de arrancar ni hacia un lado ni hacia otro. Siempre me ha parecido de lo más gráfica porque es una pena que la abuela se esté muriendo pero si tarda mucho en morirse, la familia que espera el fatal desenlace también se muere, pero de asco.
A mi pobre marido le cuesta mucho arrancar. Cuando arranca, es un torbellino (puede llegar a huracán, por lo destructivo) pero se puede tirar la vida para decidirse y los que estamos a su alrededor no podemos permitirnos esa parsimonia. Encima, la falta de práctica a la hora de tomar decisiones lo lleva a tomarlas de manera equivocada (otra vez el huracán) lo que todavía le provoca más pánico en la siguiente ocasión. Como decía ayer, mi marido no ha sido nunca capaz ni de decidir qué hacer para cenar sin consultarlo, así que ahora la decisión le ahoga como un lago helado. A su lado, la reina blanca acucia porque no tiene nada que perder y porque sin juego también se aburre. Se está empezando a dar cuenta que se ha equivocado, que se dejó hechizar por la frenética actividad de un hombre que no estaba en su estado natural (la inactividad, el vegetar por la vida) sino movido por ese cosquilleo interno que provocan las hormonas chocando como protones unos contra otros. En cuanto el cosquilleo se calma por satisfacción del deseo, todos pasamos de ser leones que rugen y empezamos a ronronear como gatos de cocina. Y ahí está ella, viendo como se desinfla por momentos su precioso proyecto hippy y como él empieza otra vez a echar tripilla después de haber eliminado la ansiedad que le impedía tragar alimento alguno desde hacía semanas.
Cuando a esto se le una la rutina diaria y las pocas ganas de tomar decisiones ya verán qué pronto lo vemos todo diferente y cada oveja vuelve a su corral (excepto él, claro, que se ha quedado sin corral, se quedará sin establo y sin abrevadero).
¿Qué cuál era la propuesta? La propuesta era "yo no quiero aceptar que tengo responsabilidades, esta vida es un asco". Me recuerda a Obélix con su "no respiro". Que se lo cuente al banco que no quiere aceptar responsabilidades y verá qué risa todo. De todos modos, yo creo que alguien además de yo le ha contado que no es capricho mío que tenga que asumir ciertas obligaciones porque si no no entiendo su actitud de ayer. A ver, igual me sorprende por primera vez en la vida...


No hay comentarios:
Publicar un comentario