martes, 5 de julio de 2016

Perdón por la ausencia, estaba viviendo

Jo, ¡cómo pasa el tiempo y cómo pasa la vida!

Hoy me he acordado de mi abandonado blog y me ha picado la curiosidad mirar dónde lo dejé. Cuando he visto que la fecha de la última publicación era el 14 de diciembre he comprendido por qué no escribía nada desde entonces: porque he estado viviendo.

El personaje protagonista del anterior post me estuvo mareando la perdiz hasta principios de junio, con muchísimas situaciones divertidas desde el día que nos conocimos y muchas demostraciones (también) de que el ego es un tirano como la copa de un pino que a menudo nos impide disfrutar de la vida. Además del protagonista de "Los hombres duros no bailan" entró en mi vida con el primero de año un aspirante a rey mago que apuntaba maneras y que me hizo creer de nuevo en el amor. Con el tiempo, se volatilizó como buen prestidigitador y me dejó con la cabeza en las nubes y el corazón algo magullado. Aprendí con él muchísimas cosas que no sabía sobre mí así que, a pesar del abandono, le doy gracias por poner luz a mis sombras. Y desde entonces sueño (todavía) con que algún día regrese a mi vida haciéndome creer que despierto de una pesadilla pero mientras esto no sucede aprovecho el tiempo con otros aspirantes a príncipes azules que me dan no pocas alegrías.



He conocido profesiones de todo tipo, edades diversas y nacionalidades multicolores. Todos ellos me han hecho comprender que mi antiguo mundo se rompió en pedazos para enseñarme que hay una vida maravillosa más allá de aquel corsé que me ahogaba en tristeza hace ya un año. He aprendido a valorarme, a quererme, a estar sola, a saberme interesante, a sentirme especial, a ser espectacular. No es poco, francamente.

En fin, si no vuelvo a escribir en mucho tiempo es porque estoy viviendo la vida... o a lo mejor aprendo a gestionar mi tiempo y alterno lo que vivo con lo que cuento ¿quién sabe?