miércoles, 21 de octubre de 2015

Nueva perspectiva

Me he dado cuenta que he me miro diferente. Primero y principal, me miro con más cariño que hace dos o tres meses, eso por supuesto. Pero hay otro elemento que aún es más significativo: he dejado de mirarme con los ojos de otro.

¡Tachán! Me parece maravilloso, la verdad. Desde hace muchos años, cuando me miraba al espejo, cuando hacía algo que me producía dudas, cuando se me planteaba un problema.... siempre tenía una especie de mecanismo mental que me llevaba a preguntarme algo así como "¿Qué pensaría él de esto (de un vestido nuevo, de una decisión difícil que tomar, de cualquier cosa)" ¿Fuerte, verdad? No me había dado cuenta de que lo hacía, pero esa automático.

 ¡Pues a la mierda el proceso mental automático y los que no lo son! Se acabó tener un tutor permanente que decide por mí lo que está bien y lo que está mal (como si esa decisión fuera posible) y menos cuando el tutor que yo elegí no sabía ni atarse los cordones de los zapatos sin mi ayuda ¿Por qué me importaba entonces su opinión si en realidad no sabía hacer nada sin mí?

Un montón de tiempo, energía y pensamientos perdidos, en definitiva.

Pero ¡se acabó!


viernes, 16 de octubre de 2015

Premonición

Como siempre, los cristales quedaron completamente empañados por el contraste entre el trajín interior y el frío exterior. Ella fumaba con parsimonia, como las protagonistas de las películas americanas después de echar un polvo. Hacía una tarde noche fría pero tranquila: ni una nube en el cielo que empezaba a oscurecer.

La cinta de cassette que sonaba en aquel viejísimo Ford Fiesta era un recopilatorio de Bob Marley; con toda su languidez iba invadiendo el reducido espacio del coche mientras él había salido un momento a tomar el aire. Intuía su silueta, más que verla claramente, y el estómago volvió a sufrir un pellizco de felicidad. Desde que se conocieron hacía un par de años, tuvo claro de que iba a ser el hombre de su vida. Llevaban algo menos de un año juntos pero todavía sentía numerosas las famosas mariposas cuando lo miraba, cuando le decía "te quiero", cuando sonreían juntos.... Era maravilloso. Apagó el cigarrillo en el cenicero ya bastante repleto de colillas e hizo un movimiento con la cabeza como para quitarse un mal pensamiento que le rondaba. Y es que ella estaba completamente enamorada, hubiera dicho o hecho cualquier cosa que le hubiera pedido, pero había una sombra de duda en tanta felicidad: no tenía la sensación de que la relación fuera equilibrada, siempre creía que ella daba más de lo que recibía. Él parecía tan seguro, tan autosuficiente... y ella creía que dejaría de respirar si un día desaparecía de su vida.

Terminó "One love" en la cinta y la rasgada voz de Bob Marley, el viejo y dulce Marley, arañó el silencio con "Redemption Song". La puerta del coche se abrió y entró para sentarse a su lado, en el asiento del copiloto. Le puso la mano helada en el cuello para demostrarle el frío que hacía fuera. Con la arrastrada canción notó que empezaba a invadirle una tristeza absoluta, como si todas las penas del mundo se hubieran congregado en aquel reducido espacio para aplastarla contra el suelo. Una angustia vital empezó a apoderarse de su alma y las lágrimas rodaron silenciosamente mejillas abajo.

- ¿Qué te pasa ahora?¿A qué viene este llanto?- le pasó la mano por la mejilla para secar las lágrimas.

Ni siquiera el gesto de cariño fue capaz de consolarla. Algo muy profundo se había abierto en el fondo de su corazón, como un bote de aromas que estaba cerrado herméticamente y que de pronto desplegaba toda su fragancia. Lloraba con tanto desconsuelo que empezó a pensar que no podría parar nunca. A su llanto se unió el desconcierto de él, que la miraba con el interrogante puesto en la mirada, intentando descubrir qué había pasado un instante antes que pudiera haber provocado aquel cambio de humor

- ¿Es algo que he dicho? ¿Te encuentras bien? ¿Qué ha pasado?

Sola, completamente sola con su pena, se armó de valor para contestarle qué pasaba exactamente por su cabeza, aunque se moría de la vergüenza de contarlo, sobre todo porque no había ningún motivo para pensar lo que estaba pensando.

- Lloro porque no quiero que te vayas.
- ¿Y quién te  ha dicho que voy a irme?
- Yo
- Claro, como tú siempre lo sabes todo....
- Idiota
- Venga, no seas boba, no me voy a ir, estoy muy bien contigo.
- Yo sé que te irás, no hoy ni mañana, ni este año ni el otro, pero un día te irás y yo me quedaré sola. Y no quiero que te vayas.

Se dió cuenta de que aquel era el mayor acto de amor que podía hacer: tan altiva y dura como era siempre, acababa de mostrar toda su vulnerabilidad precisamente a la persona que más daño podía hacerle. Acababa de ponerle el corazón en las manos, pero quizá él no fue consciente de ello. Quizá por eso, la miró sonriendo, medio orgulloso medio divertido, y la besó con cierta condescendencial. Ella se fue serenando y la canción se acabó. A lo lejos, la ciudad oscurecía definitivamente. Desde ese momento supo que nunca olvidaría aquella tarde ni aquella canción.



jueves, 15 de octubre de 2015

Hemos reído juntos y ya nada era igual

Hoy ha pasado algo extraño: en uno de nuestros encuentros interminables para solucionar problemas económicos y papeles varios le he pedido que me haga un favor. Como la semana pasada tuve una noche movidita y perdí las gafas en un tugurio le he preguntado si se puede quedar un rato los niños. Ha levantado la vista de donde estaba mirando y se ha echado media carcajada... era la primera vez en dos meses que reíamos juntos por la misma cosa. Me ha dado algo de vergüenza porque parecía que me las estaba dando de "fiestera" divertida que va de irresistible, cuando en el fondo no es así. Ha habido un momento de chispa, como si hubiéramos recuperado un segundo la conexión, hasta el punto que se ha ofrecido para ir él a buscarlas. Me he dado cuenta de que nunca podré volver a querer como quería a esta persona, en el sentido más profundo de la palabra, aunque vuelva a tener buena relación con él y todo se vaya calmando con el paso del tiempo.

Se me quedó atrás hace años y yo no hacía más que darme la vuelta para ver si me seguía, hasta que acabé con torticolis. Se perdió por el camino de la vida y seguramente yo tampoco tuve interés en darle la mano. Me parece un extraño, un tipo que no sé qué ha hecho tanto tiempo a mi lado si no sabe casi nada de la persona que soy ahora.

El abogado me dice que me va a ir todo muy bien, que no me preocupe (no lo dice sólo él, pero quizá es el que me ha llamado más la atención porque me conoce desde hace 1 mes) y yo me siento por dentro como si pesara menos, como si las cosas fueran menos difíciles, como si todo fluyera más fácilmente desde que no lo tengo conmigo. Quizá es porque ahora solo tengo que pensar por mí, no tengo que jugar dos partidas, sólo una. He recuperado la ilusión por hacer cientos de cosas (incluso ir al supermercado) solo por pensar que no tengo que volver a casa a ver un ente gris sentado en el ordenador jugando a Candy Crash (¡Qué pereza!). Me he dado cuenta de que llevaba muchísimos años llevando todo el peso de todo, y me ha hecho pensar en lo que siempre me recuerda mi psicóloga: las personas fuertes muestran su fortaleza mostrándose vulnerables. Me encantaría encontrar a alguien, no necesariamente una pareja, que me dejara descansar, apoyar mi cabeza en su hombro y me dijera "no te preocupes, yo me encargo".

miércoles, 7 de octubre de 2015

Como un explorador

Nunca hubiera imaginado que esto iba a ser así, francamente. A la sorpresa que me supuso que mi marido me dijera que ya no quería seguir compartiendo su vida conmigo, ahora se ha unido la sorpresa de que lo llevo casi divinamente.

Mi psicóloga dice que estas cosas las da la vida, que uno piensa que determinadas noticias sólo se pueden mirar por el lado negativo y cuando estás metido en ello resulta que te das cuenta que es lo mejor que podía pasarte. Me sorprende mucho la de gente que me felicita en lugar de compadecerse de mi nueva situación, parece como si todo el mundo (menos yo) fuera consciente de que tener a este hombre en mi vida no era bueno para mí. También me sorprende que no me haya dado cuenta hasta ahora del tipo de persona que es mi marido después de tantos años de vivir juntos. Mi psicóloga (otra vez) dice que eso es porque le he estado haciendo de madre todo este tiempo y una madre lo perdona todo. Pero ahora, como expareja, no perdono nada porque se me ha agudizado el olfato (y la vista, y el gusto, y el oído, añado yo).

Como cuando me miro por dentro no me dan ganas de llorar como una desesperada (como sí me pasaba cuando estábamos juntos) así que he dejado de compadecerme y me le liado la manta a la cabeza. Cada día estoy más contenta, cada día me arreglo más y cada día me gusto más. Y cuando salgo a la calle mantengo idilios con hombres que no conozco de nada que duran un trayecto de metro, una mirada en el pasillo de la oficina o un rato de parque en un banco con los niños.

Una de mis mejores amigas, Laura, el sábado me sacó de fiesta. Pero antes de "sacarme" a desempolvar la cola me regaló una canción preciosa. Como sabe que Joaquín Sabina no es santo de mi devoción, me hizo la presentación con cierto recelo, con cariño, para que la mirara desde el principio con buenos ojos. Pero enseguida pudo bajar la guarda porque caí rendida a sus pies con las primeras notas. Un bolero delicioso que habla de alguien a quien han abandonado y se pone el mundo por montera. Lo pongo aquí debajo para quien no lo conozca. No puedo dejar de escucharlo. Me parece escrito por y para mí.




jueves, 1 de octubre de 2015

Ni se muere la abuela ni cenamos

Mi abuela, que era muy sabia aunque no supiera leer, siempre utilizaba la frase de "ni se muere la abuela ni cenamos" cuando una situación no acaba de arrancar ni hacia un lado ni hacia otro. Siempre me ha parecido de lo más gráfica porque es una pena que la abuela se esté muriendo pero si tarda mucho en morirse, la familia que espera el fatal desenlace también se muere, pero de asco.

A mi pobre marido le cuesta mucho arrancar. Cuando arranca, es un torbellino (puede llegar a huracán, por lo destructivo) pero se puede tirar la vida para decidirse y los que estamos a su alrededor no podemos permitirnos esa parsimonia. Encima, la falta de práctica a la hora de tomar decisiones lo lleva a tomarlas de manera equivocada (otra vez el huracán) lo que todavía le provoca más pánico en la siguiente ocasión. Como decía ayer, mi marido no ha sido nunca capaz ni de decidir qué hacer para cenar sin consultarlo, así que ahora la decisión le ahoga como un lago helado. A su lado, la reina blanca acucia porque no tiene nada que perder y porque sin juego también se aburre. Se está empezando a dar cuenta que se ha equivocado, que se dejó hechizar por la frenética actividad de un hombre que no estaba en su estado natural (la inactividad, el vegetar por la vida) sino movido por ese cosquilleo interno que provocan las hormonas chocando como protones unos contra otros. En cuanto el cosquilleo se calma por satisfacción del deseo, todos pasamos de ser leones que rugen y empezamos a ronronear como gatos de cocina. Y ahí está ella, viendo como se desinfla por momentos su precioso proyecto hippy y como él empieza otra vez a echar tripilla después de haber eliminado la ansiedad que le impedía tragar alimento alguno desde hacía semanas.

Cuando a esto se le una la rutina diaria y las pocas ganas de tomar decisiones ya verán qué pronto lo vemos todo diferente y cada oveja vuelve a su corral (excepto él, claro, que se ha quedado sin corral, se quedará sin establo y sin abrevadero).

¿Qué cuál era la propuesta? La propuesta era "yo no quiero aceptar que tengo responsabilidades, esta vida es un asco". Me recuerda a Obélix con su "no respiro". Que se lo cuente al banco que no quiere aceptar responsabilidades y verá qué risa todo. De todos modos, yo creo que alguien además de yo le ha contado que no es capricho mío que tenga que asumir ciertas obligaciones porque si no no entiendo su actitud de ayer. A ver, igual me sorprende por primera vez en la vida...