martes, 22 de mayo de 2018

¿qué pasaría si...?

¿Qué pasaría sí...

- Supieras lo que me haces sentir?

- Perdiera el miedo a sentir lo que siento?

- Perdiera el miedo a decirte lo que siento?

- Decidiera ser yo?

- Decidiera no coartarme más?

- Supiera cómo ser yo contigo?

- Los dos supiéramos sentirnos como somos y no como pensamos que somos?

- Dejáramos atrás el prefrontal, el miedo, las frustraciones, las situaciones anteriores?

- Fuéramos solo lo que sentimos?

- No hubiera tapujos ni tapones?

- todo fuera más fácil de lo que creemos?


lunes, 21 de mayo de 2018

Algo para quererme

Tengo mal día. Es una putada, es verdad, pero al menos desde hace un tiempo he aprendido a no enfadarme con eso, al contrario; he descubierto que luchar contra lo que uno siente lo único que hace es aumentar el sufrimiento pero no te lleva a ningún sitio bueno. Así que aquí estoy en un lunes festivo, lamiéndome las heridas sin saber hacia dónde dirigir mi tristeza para sentirme algo mejor.

Llevo un par de horas dando vueltas a qué pudo hacer que me haga quererme un poco, que me conecte con mi interior malherido y me haga ver las cosas con algo de esperanza (no es que me esté muriendo de pena, pero es un mal día y cuando una se encuentra así parece que se acabe el mundo hasta que empieza a relativizar). La cuestión es que (me voy del tema, estoy un poco dispersa, lo siento) me he acordado de este blog y de cómo en momentos bastantes más oscuros de mi vida me había servido como terapia por lo que tiene de vomitar demonios y basuritas varias, porque después se releen y todo parece algo más llevadero. Así que me pongo a escribir sin saber muy bien a dónde voy (aunque tampoco me importa demasiado, dado que sólo yo voy a leerme y releerme, así que no tiene demasiada trascendencia).

A veces pienso que mi error es dejar mi felicidad en manos de otras personas; es decir, que condiciono tener un buen o mal día a cómo las otras personas actúan. Si actúan de acorde con mis espectativas, todo bien, pero si no se ajustan a lo que yo creo o siento que tendrían que hacer ya tenemos el drama montado. La estrategia a seguir, entonces, sería no depender de los demas para sentirme bien. Esa es la teoría, y la teoría sabemos que siempre es la parte fácil del asunto. Pero cuando se trata de llevarlo a la práctica no hay Alprazolam suficiente en la farmacia ni clases de mindfulness que reduzcan mi ansiedad. Tengo tendencia a engancharme a las expectativas y a apegarme excesivamente a los demás. Creo situaciones hipotéticas que sólo existen en mi imaginación e interpreto que ESA es la situación correcta, de manera que todo lo que no se ajuste a MIS expectativas me provocan ansiedad, frustración e infelicidad. Y ya la tenemos liada. Mi terapeuta me dice que tengo un excel en la cabeza con lo que debería ser y las cosas no siempre son como deberían ser (ni mi "debería" se tiene por qué ajustar los "deberías" de los demás). Estoy intentando romper en pedazos el excel o, si no consigo destruírlo, al menos eliminar algunas casillas de la exigencia para no hacerme tanto daño cuando las cosas/personas/situaciones no se ajustan a lo que yo había preconcebido pero llevo muchos años con esa plantilla y cuesta empezar a mirar la vida con otros ojos.

Siempre he sido muy exigente y autoexigente. Ese nivel de exigencia me ha llevado a amargarme la existencia (y, seguramente, amargársela a la gente que me rodea/ba). Hace algún tiempo que, cuando mi vocecita interior me empieza a sabotear con ideas exageradas sobre cómo debería ser o cómo deberían ser los otros, me paro a escucharla y la pongo en duda. Cuestionarse tu propio yo es difícil, sobre todo cuando lleva toda la vida imponiendo su criterio y de pronto, una se vuelve respondona y decide no hacer caso a pies juntillas a todo lo que te dice. Así que ahí ando, poniendo más atención a las cosas que me digo y en ver si lo que me digo me va a hacer más feliz. No siempre lo consigo, la verdad. Hay día que me siento vacía, necia, sin ilusión. y entonces la Rottenmeier que llevo dentro aprovecha para intentar ganar el terreno que ha perdido en este tiempo de reconciliación interna. Es lo que tiene ser una profesional del perfeccionismo, el autosabotaje y la autoexigencia. Hoy se está poniendo las botas, la muy cabrona. Pero no va a poder conmigo, porque los años que he pasado subyugada a sus caprichos no me hicieron ser más feliz. Así que desde aquí ya le digo que no se va a salir con la suya. Para empezar, voy a publicar este post quede como quede (tanto si le gusta como si no); y para continuar, me estoy empezando a encontrar un poco menos piltrafilla así que nada de venirse abajo.



Mira Fräulein, ya te digo que vuelvas por donde has venido.