Me da un poco de risa y mucha vergüenza pero cada vez lo tengo más claro: el lerdo de mi marido no pinta nada en esta historia, él ha sido desde el principio un personaje secundario. Porque en realidad, a quien quiere destruir mi querida "enemiga" es a mí. Porque le corroe la envidia por no poder ser como soy yo, porque está convencida de que no me llega ni a la suela del zapato, porque sabe que su mediocridad queda más a la vista cuando se compara conmigo.
Pues lo tiene fatal... porque podrá quitarme el marido, podrá copiar mis aficiones, mis gustos, mi manera de vestir. Pero no va a ser nunca yo, que es lo que en realidad está buscando desde el primer día que me vió y vino a presentarse con su sonrisa de "jocker". Porque le va a perseguir mi imagen allá donde vaya, aunque intente quitarse el recuerdo a bofetadas. Porque la clase, la honestidad y los principios son características con las que se nace y nos repartieron de manera poco equitativa por decirlo elegántemente.
En fin, querida, que no somos nada pero tú menos que yo. Y que haya un amargado de la vida por ahí que te haya preferido no me quita valor a mí, aunque tú te lo creas y él se pavonee de ser un cuarentón apetecible. En el fondo, las dos (los tres) sabemos que el tiempo nos va a poner a todos en el lugar que nos corresponde y sólo espero que el infierno tenga terraza.

No hay comentarios:
Publicar un comentario